Naciones Unidas, Asamblea General, 5 de agosto, 2009.
Resumen original:
La violencia armada —el uso de las armas o la intención o amenaza de usarlas para causar heridas o muertes— adopta numerosas formas, desde la violencia política a la interpersonal pasando por la violencia delictiva, y ocurre en una gran variedad de contextos. Además de destruir vidas, la violencia armada daña también la infraestructura y los bienes, limita la prestación de servicios públicos, perjudica las inversiones en capital humano, social y económico y genera gastos improductivos en servicios de seguridad. La violencia armada entorpece el desarrollo y es un impedimento para el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
En el presente informe se estudian varios aspectos de la relación entre la violencia armada y el desarrollo. Los factores de riesgo y los efectos de la violencia armada suelen ser similares en los diversos contextos. La mayoría de los agresores y las víctimas de la violencia armada son hombres jóvenes. En ciertas situaciones —por ejemplo en algunos conflictos armados— las mujeres, las niñas y los niños son víctimas de graves formas de violencia sexual. Factores como la debilidad de las instituciones, las desigualdades económicas y horizontales sistémicas, la exclusión de las minorías, la desigualdad entre los géneros, la escasez de oportunidades educativas, el desempleo persistente, la delincuencia organizada y los mercados ilícitos, así como el fácil acceso a las armas de fuego, el alcohol y las drogas, son importantes para determinar la aparición, la duración y la gravedad de la violencia armada.
El sistema de las Naciones Unidas, las organizaciones regionales y subregionales, los gobiernos nacionales y locales y las organizaciones de la sociedad civil se han movilizado para prevenir y reducir la violencia armada mediante intervenciones basadas en datos empíricos, pero es necesario ampliar el alcance de la respuesta. Es preciso planificar, orientar y vigilar cuidadosamente las medidas encaminadas a prevenir y reducir la violencia armada. Entre las opciones programáticas están las intervenciones relacionadas con la prevención de conflictos y la consolidación de la paz y/o las intervenciones centradas en la demanda y los factores de riesgo a nivel individual, relacional y social.
En el informe se da especial importancia a la necesidad de afrontar los riesgos y las repercusiones de la violencia armada y el subdesarrollo. Esto conlleva el cumplimiento de las convenciones y los acuerdos existentes en relación con la violencia armada y el desarrollo; el aumento de la eficacia de las políticas de prevención y reducción de la violencia armada mediante inversiones en la recopilación, el análisis y el uso de datos; el refuerzo de las capacidades de diagnosticar, formular estrategias y ejecutar programas; el establecimiento de objetivos, metas e indicadores medibles para la prevención y la reducción de la violencia armada; el establecimiento de alianzas dentro del sistema de las Naciones Unidas y entre este y las organizaciones regionales, las autoridades nacionales y la sociedad civil para asegurar la coherencia de sus políticas y programas; el incremento de los recursos destinados a la prevención y la reducción de la violencia armada; y el fomento de acciones internacionales de mayor escala.
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