Autor: Carlos Resa Nestares Año: 2004 Fragmento del original: El comportamiento de la violencia en Nuevo Laredo obedece, en coordenadas más rimbombantes, a unas pautas generalizables a todo México: la debilidad de las estructuras de protección a la industria de las drogas. Desde su punto álgido de los años ochenta, el mercado de la protección privada suministrada desde el sector público se ha deteriorado a pasos agigantados. Los despidos masivos y los frecuentes cambios en la dirección de los organismos de seguridad han acortado la estabilidad burocrática que exige la prestación del servicio. Los nuevos reclutas y los supervivientes de las purgas muestran el mismo interés en capitalizar el cargo público. Pero se encuentran faltos de la necesaria información sobre clientes y coartados, por mecanismos de control externo, de la utilización publicitaria de la violencia. Antes estas carencias, desde el sector público se han dedicado con mayor intensidad a formas más inmediatas de ingresos que requieren menos capital humano y menor inversión inicial: la extorsión, el secuestro y el robo. Allí se han encontrado con muchos de los despedidos y con actores privados que han aprovechado algunos vacíos de manera momentánea. No es que desde las instancias de seguridad se haya alcanzado el grado de pureza tal que ya suministren protección pública, una circunstancia que sigue sin encontrarse. Tan sólo es que, por incompetencia de la oferta, en el sector público ha dejado de prestarse protección privada. En lugar de avanzar a una forma más avanzada, la protección pública y equitativa, se ha vuelto a una etapa más primitiva de regulación: la acumulación predatoria. Para leer el documento completo presione aquí
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