El
23 de abril de 2009, el gobierno mexicano dio a conocer las primeras medidas
sanitarias derivadas de una extraña enfermedad, algún tipo de influenza del
cual no se tenía suficiente información para saber porqué estaban muriendo
personas en una época atípica. Horas después la enfermedad ya tenía nombre,
Influenza Porcina, que con el paso de los días se convirtió ante el mundo, en “la
gripa que los mexicanos estaban propagando por el mundo.”
El
nombre de la nueva enfermedad suscitó debates por ser un término que afectaba a
los productores de carne de cerdo1]. Debido
a ello, y con el consenso de la Organización
Mundial de la
Salud, se sustituyó por Gripa H1N1 o Influenza Humana.
Las
medidas posteriores adoptadas por el gobierno de Felipe Calderón de suspender
las clases y las labores, así como la decisión de la OMS de subir los niveles de
alerta hicieron suponer, no sin razón, que el mundo estaba al borde de una
pandemia, la primera del siglo XXI. En México se percibía un ambiente de pánico
y al mismo tiempo, irónicamente, de total incredulidad. Diversas hipótesis
circularon en la web: la enfermedad no existía, era una mentira, o se trataba
de terrorismo de estado o terrorismo
biotecnológico, se llegaron incluso a mencionar confabulaciones norteamericanas
o farmacéuticas.
Lo
cierto es que las consecuencias del brote de influenza y su propagación tuvieron
impactos muy negativos para la economía del país y su imagen en el extranjero.
La paralización de las actividades económicas vino a agravar la crisis nacional derivada de
la recesión global. Será difícil estimar el daño total en términos económicos.
Las
implicaciones para la imagen de México han sido también considerables. Algunas
de ellas incluyen la cancelación de vuelos nacionales e internacionales como
medida de contingencia por parte de naciones como Cuba y Argentina; el rechazo
de la ayuda humana que México proporcionaba a Haití; el atropello a los
derechos humanos de turistas mexicanos en países extranjeros, aunque no
presentaran ningún síntoma, como sucedió en China. Estas respuestas del mundo
hacia los mexicanos están permeadas por la discriminación.
El
escenario para los migrantes es peor. Para los migrantes mexicanos y
centroamericanos que viven en Estados Unidos, complica y vulnera aun más su
condición principalmente en dos frentes: la discriminación y la exclusión de
los servicios de salud.
En
primer lugar, una mayor exposición a la violencia. En algunos casos se pudo comprobar
el crecimiento de la xenofobia en los medios de comunicación. Los locutores Michael
Savage, Neal Boortz entre otros, acusaron a los migrantes mexicanos de llevar
la cepa H1N1 a Estados Unidos.
En
el ámbito político, congresistas conservadores incluso solicitaron al gobierno
de Barack Obama cerrar las fronteras. Sin embargo, el presidente estadounidense
anunció que ésta no sería una medida eficiente y que la crisis sanitaria se
afrontaría de acuerdo a las recomendaciones de la
OMS y del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades.
El
ambiente generado por la influenza, ciertamente no es buena noticia para el
avance de la propuesta de Obama en torno a la reforma migratoria, un tema muy
sensible para un país donde viven aproximadamente 12 millones de migrantes
indocumentados.
Respecto
al acceso a servicios, las presiones de los sectores conservadores para excluir
a los inmigrantes de los esquemas de atención a la salud ya llevaban buen
tiempo en los Estados Unidos. En una situación de emergencia, es probable que
las personas indocumentadas no busquen atención inmediata ante los primeros
síntomas por temor a la deportación. La Organización
Internacional para las Migraciones (OIM) se pronunció por la
inclusión de los migrantes en los programas preventivos y de atención derivados
de la contingencia, sin importar su estado migratorio. Exhortó también a evitar
las deportaciones, y a colaborar con los países afectados donde se están
realizando esfuerzos por controlar la epidemia. De acurdo a la OIM, excluir a las personas
indocumentadas representa un serio obstáculo para el flujo de información sobre
el desarrollo de la epidemia.
En
el caso de los mexicanos en Estados Unidos, grupos como el Comité de Amigos
Americanos solicitaron al gobierno de Calderón un pronunciamiento contra las
acusaciones que estigmatizan a los mexicanos como los propagadores principales
de este nuevo virus. Asimismo, organizaciones de defensa de los migrantes enviaron
solicitudes a las instancias gubernamentales para garantizar el acceso a los
servicios de salud para las personas indocumentadas, sin restricciones de costo
o amenaza de deportación.
En
México, la Comisión Nacional
de los Derechos Humanos (CNDH), asumió las pautas del pronunciamiento de la OIM, y abogó por la atención a
los migrantes en México, en especial de los centroamericanos en tránsito,
para que no sean excluidos de los programas de salud. Para la CNDH, con estas acciones el
gobierno federal, tendría los suficientes argumentos para reclamar reciprocidad
para los connacionales en el país vecino.
Aún
después de la emergencia inicial, todavía no se sabe el alcance de la pandemia
que ha continuado su expansión. Las
repercusiones para los migrantes centroamericanos y mexicanos en el extranjero,
principalmente en Estados Unidos, incluyen el incremento de la vulnerabilidad
de sus derechos humanos. La amenaza permanece latente como disparador de
acciones de los grupos de odio, la discriminación y la violencia.
Con la colaboración de Odette Solís.
Fuentes consultadas:
CNDH
pide brindar servicios de salud a indocumentados.
[1]El ejemplo más radical lo constituye la matanza en
Egipto de 300,000 cerdos como medida precautoria. Asimismo, otras medidas
adoptadas por otros países fueron las restricciones a las importaciones de la
carne de cerdo, principalmente de los países que se vieron afectados por el
brote de Influenza Humana.