Por José Woldenberg, Reforma, 18 de noviembre, 2010.
No hay escape: el tema del combate al narcotráfico fue colocado por el gobierno federal en el primer lugar de sus prioridades y hoy su secuela obliga a pensar en el presente y el futuro de dicha definición estratégica. Presento unas notas balbuceantes. Soy de los que piensan que lo mejor que puede pasarle a nuestro país y al mundo es que la producción, circulación, venta y consumo de las drogas sea legalizado o, como se apunta certeramente en la revista Nexos de octubre, reglamentado. De tal suerte que un problema policiaco, de seguridad pública, que genera una estela de incertidumbre y muertes, acabe convirtiéndose en un asunto de salud, como ha sucedido, por ejemplo, con el alcohol. Sin embargo, creo detectar bajo la pequeña ola de opinión que postula la legalización de las drogas dos corrientes que pueden coincidir en la receta, pero cuyos argumentos son radicalmente distintos. Comparto unos y me preocupan otros. Intento explicarme.
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