Por Teresa Incháustegui, El Universal, 14 de marzo, 2011
En memoria de los deudos de la familia Reyes Salazar y en solidaridad con Layda y Roberto, luchadores ejemplares a favor de la justicia Retomo lo que señala Roberto Zamarripa en la introducción del libro Confesión de un sicario de Juan Carlos Reyna: la guerra declarada en 2007 por Calderón rompió las reglas del acomodo y cohabitación entre narcotráfico y gobierno —ya bastante trastocadas por la democratización iniciada en 1983 y la fragmentación del poder político en México que acarreó la alternancia en 2000— sin que hasta el momento se hayan repuesto los términos de convivencia entre el crimen y las instituciones, que por décadas establecieron una cierta gobernabilidad del narco (analizada y caracterizada esta regulación desde 1998 por académicos y expertos de la talla de John Bailey y reconocida por políticos como Miguel de la Madrid y Sócrates Rizzo).
Para leer el artículo completo pulse aquí
|