Por Raúl Benítez Manaut, Enfoque-Reforma, 11 de abril, 2010.
El gobierno mexicano tiene el problema de cómo encarar el gran poder acumulado por los cárteles de las drogas, que han pasado de esquemas de concentración de riqueza económica, política, militar y social, para tratar de imponer su voluntad al Estado y la sociedad. Las preguntas obligadas son: ¿el Estado va ganando la guerra ?, o ¿quién gana con la paramilitarización y división en territorios donde los cárteles se reparten ciudades, carreteras, barrios y se enfrentan para desplazar a sus rivales? Si el Estado no puede parar el baño de sangre entre los cárteles, muchos
analistas sostienen que las fuerzas gubernamentales van perdiendo. Esta afirmación es simplista y sólo se basa en el análisis de una variable: los muertos. Definitivamente tampoco se puede sustentar que el gobierno va ganando la guerra , y si lo afirman los funcionarios del Estado, es difícil creerles. Sin embargo, si por vez primera los cárteles están siendo perseguidos de forma real, no simulada (como se sostiene que sucedió en el pasado), el Estado apenas comienza a construir una estrategia, con todas las dificultades políticas que ello implica.
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