Por Miguel Sarre, Reforma, 12 de abril, 2010
En vez de que los militares y marinos en activo patrullen las calles, muchos de ellos deben ser integrados de manera definitiva a las policías locales y a la federal. Así, nuestros uniformados verdes y azules realizarían las mismas funciones que actualmente vienen cumpliendo, pero lo harían con una capacitación propia para civiles; estarían obligados a actuar bajo parámetros y mandos civiles y, sobre todo, responderían ante tribunales civiles. Otros efectivos serían más útiles integrados a tareas diversas como salud, comunicaciones, forestal y de protección civil.
El grueso de los marinos, como lo hacen desde 1940, debe seguir protegiendo nuestras aguas territoriales y litorales pero como guardacostas, y no como marina de guerra.
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