Por José Antonio Crespo, Excelsior, 5 de abril, 2010
Para empezar, el debate sobre drogas resulta sumamente confuso al no distinguirse con claridad los delitos asociados a ellas (producción, comercio, consumo) como unos sin víctimas (nadie obliga a comprar y consumir), pues podrían legalizarse sin que se pierda el Estado de derecho ni el Estado como tal (según ocurrió con el alcohol y el tabaco, las drogas hoy por hoy más mortíferas). En cambio, los delitos con víctimas (secuestro, trata de personas, prostitución infantil, extorsión) jamás pueden ser, en efecto, legalizados. En tal caso, el Estado se convertiría en uno claramente fallido.
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