Por José Antonio Crespo, Excelsior, 24 de mayo, 2010.
El jueves pasado, Felipe Calderón habló ante el Congreso de Estados Unidos sobre el tráfico de armas, entre otros temas. Las armas siguen una lógica similar a la de las drogas: una gran demanda que, ante la prohibición legal, genera un mercado negro altamente rentable que, por tanto, resulta imposible erradicar. Les dijo a los legisladores estadunidenses que, “si observan detenidamente, se podrán dar cuenta de que la violencia en México empezó a crecer un par de años antes de que yo tomara posesión, en 2006. Esto coincide, por lo menos, con la derogación del Assault Weapons Ban en 2004”. ¿Qué dicen las cifras oficiales mexicanas? De 2002 a 2004 la violencia creció sólo 6%. Y de 2004 a 2006 el incremento fue de 60%; un crecimiento espectacular, sin duda.
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